domingo, 1 de noviembre de 2015

EL DOLOR MÁS FUERTE QUE EL DOLOR.

           EL DOLOR MÁS FUERTE QUE EL DOLOR


El amor en el ser humano es tan grande y fuerte que por el damos todo  de 
nosotros para que nuestras familias se sientan felices y cómodas del esfuerzo que significa luchar por obtener algo que nos de esa satisfacción de sentirse amado. Es tan sublime que las palabras y los detalles  para demostrar cuanto amas nunca se agotan, pues, la creatividad y la originalidad con que demostramos ese amor es inagotable, impredecible, loco, agradable y superior a nuestras expectativas, que todo esto nos lleva a un solo camino, que es el de compartir con la persona que amas, toda tu vida.

Hay amor en esta unión, en todas las cosas  que hacemos y que damos, que la lucha por amar aún más, nos hace esforzarnos y dar todo de nuestra parte para hacer aún más feliz a quien amas y amarás por siempre. Este es  un amor compartido al que nos entregamos con una pasión que desborda todos nuestros límites, pero que al fin de todo, nos hace sentirnos los más grandes seres por haber conquistado el amor de aquella persona que nos abrió su corazón a la vida y a la felicidad infinitas.

El amor es tan poderoso que al unir a dos personas les entrega la voluntad para que sea compartida, les entrega la decisión, para  avanzar y seguir construyendo, el amor entrega la plena confianza del uno en el otro, te entrega la absoluta certeza de tu lealtad y fidelidad, te entrega la capacidad de comprender y convertir el pensamiento de dos en uno solo, te entrega la felicidad de la vida nueva que  es el fruto de ese gran amor, te entrega el doble de felicidad cuando los hijos van llenando tu mundo de una gran pasión por verlos crecer y ser partícipes de cada día en que te entregan ese amor  infinito de hijos.


Ambos se desvelan el uno por el otro, pero, compartiendo todo como uno, pero, con el pasar de los años, algunas cosas van cambiando, cuando se te van acabando los detalles, los saludos las despedidas, los reconocimientos, los obsequios, cuando la pasión pasa a ser solo un recuerdo y las decisiones compartidas se convierten en ordenes de una parte y la rutina empieza por ir matando ese amor que empezó con una gran felicidad.


Al llegar a este momento, empiezan los reproches, muchas veces infundados, carentes de criterio y de amor, solo pides obediencia y que las decisiones que ahora son solo tuyas se cumplan a cabalidad, porque si hablamos del hombre, nos enseñaron que él es el jefe de la familia y el que debe mandar, craso error, así empieza a resquebrajarse la unidad de una familia y de una relación que una de las partes no comprende esa entrega de la pareja, por sacar adelante un hogar formado con sincero e infinito amor.


La pareja, es paciente, espera que esto pase cree y confía en su par, pero es tanta la humillación y la indiferencia a veces, que se soporta todo por el amor a los hijos y a lo que una vez fue la pasión de un gran amor. Los hijos crecieron y son testigos de ese  maltrato y no alcanzan a comprenderlo, y no es el caso en que él sea una mala persona, sino, que ha llevado arraigado durante años el mismo trato visto por el en sus propios padres y consciente o inconscientemente hace lo mismo. Existe amor en él, si lo hay, pero lo demuestra a su manera, y una muy mala manera, dando cosas materiales que a su criterio reemplaza al amor que ya no puede dar en un abrazo o en un beso.


Hay tanto amor entregado por la compañera que el solo hecho de ver a los hijos ya crecidos y con una educación, esto, no les abre los ojos de toda la entrega y toda la pasión que ha puesto en ese hermoso fruto y ese bello don de la vida que les dio. Pero, aún así, ella ya dejo de ser la persona más importante en el hogar y se convierte ante los ojos del varón en solo la persona que debe atenderlo y que debe tener todo listo para que el cumpla con sus obligaciones de trabajo, mas no con las obligaciones del hogar y el amor que debe entregar a quien es la mujer más abnegada de esa unión.


Sin embargo en esta vida, todo tiene un límite, el amor entregado que ya no es correspondido tiene su límite, el hecho de que ya no te tomen en cuenta, tiene su límite, la falta de comprensión, tiene su límite, el desamor, tiene su límite, la indiferencia, tiene su límite, la falta de atención a esa labor encomiable de ella, tiene su límite, y cuando todo llega a este gran límite y la pareja dice basta y rompe con este esquema y forma de vida, solo le queda una salida, la del retirarse del hogar, porque aún así, ni siquiera se  darán cuenta que ya no está, y cuando quieran algo y deseen pedirlo, ya no está quien les dio todo con amor y pasión por la unidad familiar.


Entonces ocurre que el caos y la desesperación se apoderan de ese hogar que tenía a una hermosa mujer frente a él y que la indiferencia y el encierro en las cuatro paredes de la casa se convierte en la libertad tan ansiada y en el deseo de demostrar que puede salir adelante, sola, demostrando todas sus capacidades entregándose a trabajar sin que nadie sepa donde se encuentra, para así demostrar al machismo enraizado en esta sociedad y en ese hogar, que ella es capaz de vivir su propia vida porque ya dio la vida en sus hijos y le asiste el derecho a ganar su propio lugar en este mundo.


Después de esto, la incomprensión, la indiferencia, las ordenes, las salidas solo algunos fines de semana o nada, la falta de detalles, el amor olvidado, el beso de despedida, el abrazo por el amor dado, el agradecimiento por los hijos, tornan el hogar en un mundo vacío en donde la esperanza de volverla a ver se hace tan lejana, que recién puedes comprender, no por ti mismo, sino con ayuda profesional, lo que ha pasado con ese gran amor que conquistaste para amar toda la vida.


La otra cara de la moneda, en donde se alojaba la soberbia, el orgullo, la indiferencia, quedaron derrotadas por el amor que se marchó sin ser correspondido ni siquiera por los hijos, a quienes su mundo dentro de su propio hogar se convirtió en un infierno, que la comprensión y el amor que renacerá logrará unir nuevamente, pero, que solo será decisión de ella que verá que las lágrimas que se vierten por tan querida ausencia demoraran de repente en apagar el fuego del infierno algún día.


Después de este golpe tan fuerte de la separación, el dolor se convierte en el alimento del alma, porque se comprendió que todos los errores cometidos fueron tan reales que recién un corazón se abrió dejando la puerta abierta para que el amor ingrese de nuevo y pedir perdón un millón de veces hasta que el aliento ya no de más y ese corazón soberbio vaya cerrando su puerta esperando que su único amor lo detenga y acepte el perdón y el arrepentimiento que sigue nadando en un mar de aguas de tantos días que cayeron de unos ojos que no quisieron ver el  verdadero amor y sintiendo por ello, un dolor más fuerte que el dolor.

En un día como hoy, 01 de noviembre del 2015 Hego Arrunátegui Espinoza.







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